Prólogo
La danza clásica es un arte eterno y universal. En rigor, no hay un solo pueblo que no la practique en una u otra de sus formas. Tan lejos como nos remontemos en el tiempo, la encontramos más o menos desarrollada, más o menos celebrada, pero siempre presente.
De una lenta elaboración en el curso de los siglos surgió una de sus formas más bellas y más puras, la danza clásica.
No es el hecho de un hombre, ni de un pueblo, ni de una época. Resulta de una larga evolución que seleccionó poco a poco los movimientos más acordes con su ideal.